Continuación del discurso de Dios
11“¿Sabes tú el tiempo
en que paren las cabras monteses?
¿Observas el parto de las ciervas?
2¿Sabes tú los meses de su preñez,
y conoces el tiempo de su parto?
3Se encorvan y echan su cría
librándose de sus dolores.
4Sus crías son robustas,
crecen en el campo;
se van, y no vuelven a ellas.
5¿Quién dio libertad al asno montés,
y quién soltó las ataduras del onagro,
62al que di por domicilio el desierto
y por morada la tierra salitrosa?
7Se ríe del tumulto de la ciudad,
y no oye los gritos del arriero.
8Los montes son su lugar de pasto,
anda buscando toda yerba verde.
93¿Querrá servirte acaso el búfalo,
pasará la noche junto a tu pesebre?
10¿Podrás atarlo con coyundas
para que abra surcos?
¿Querrá acaso rastrillar
los valles detrás de ti?
11¿Confiarás en él por su gran fuerza,
y dejarás a su cuidado tus labores?
12¿Le fiarás traer a casa tu grano
para llenar tu era?
13El avestruz agita alegre las alas;
no son alas pías, ni voladoras;
144pues abandona en tierra sus huevos
para calentarlos en el suelo.
15Olvida que puede pisarlos el pie,
y aplastarlos la fiera del campo.
16Es cruel con sus hijos,
como si fuesen ajenos;
no le preocupa
la inutilidad de sus fatigas.
17Porque Dios le privó de sabiduría,
y no le dio parte en la inteligencia.
185Pero cuando se alza y bate las alas,
se burla del caballo y del jinete.
19¿Das tú al caballo la valentía,
y revistes su cuello con la airosa melena?
20¿Le enseñas tú a saltar
como la langosta,
a esparcir terror
con su potente relincho?
21Hiere la tierra,
orgulloso de su fuerza,
y se lanza al combate,
22riéndose del miedo;
no se acobarda,
ni retrocede ante la espada.
23Si oye sobre sí el ruido de la aljaba,
el vibrar de la lanza y del dardo,
24con ímpetu fogoso sorbe la tierra,
no deja contenerse
al sonido de la trompeta.
256Cuando suena la trompeta,
dice: «¡Adelante!»;
huele de lejos la batalla,
la voz del mando de los capitanes,
y el tumulto del combate.
267¿Es acaso por obra tuya
que emprende vuelo el gavilán,
tendiendo sus alas hacia el sur?
27¿Es por orden tuya
que remonta el águila,
y pone su nido en las alturas?
28Habita en la peña,
y tiene su morada en la cima
de las rocas más inaccesibles.
29Allí acecha la presa,
desde lejos atisban sus ojos.
308Sus polluelos chupan la sangre;
y doquiera que haya cadáveres
se la encuentra.”
31Se dirigió entonces Yahvé a Job y dijo:
32“¿Quiere el censor
contender más con el Omnipotente?
El que disputa con Dios responda.”
Job confiesa su ignorancia
339Job respondió a Yahvé y dijo:
34“He aquí ¡cuán pequeño soy yo!
¿Qué puedo responderte?
Pondré mi mano sobre mi boca.
35Una vez he hablado,
mas no hablaré más;
y otra vez (he hablado),
pero no añadiré palabra.