Segundo discurso de Elifaz
11Entonces Elifaz temanita tomó la palabra y dijo:
2“¿Es acaso de sabios
responder con argumentos vanos,
y llenarse el pecho de viento,
3arguyendo con palabras inútiles,
y con razones sin valor?
42De veras, tú destruyes la piedad
y socavas el temor de Dios.
5Porque tu boca revela tu iniquidad,
adoptas el lenguaje de los arteros.
6Tu propia boca, y no yo, te condena,
tus mismos labios testifican contra ti.
7¿Naciste tú el primero de los hombres,
saliendo a la luz antes que los montes?
8¿Escuchaste tú los secretos de Dios,
secuestraste para ti la sabiduría?
9¿Qué sabes tú, que no sepamos nosotros?
¿En qué nos supera tu sabiduría?
103También entre nosotros
hay cabezas canas y hombres de edad,
más avanzados en días que tu padre.
114¿Acaso tienes en poco
las consolaciones de Dios,
y las suaves palabras que se te dicen.
12¿Adónde te lleva tu corazón,
y qué significa el pestañeo de tus ojos?
13¿Por qué diriges contra Dios tu ira,
y profiere tu boca tales palabras?
145¿Qué es el hombre para aparecer inocente;
el nacido de mujer, para ser justo?
156Pues Él no se fía ni de sus santos;
los mismos cielos no están limpios a su vista;
16¿cuánto menos este ser,
abominable y perverso, el hombre,
que bebe como agua la iniquidad?
17Te voy a enseñar; escúchame;
te voy a contar lo que he visto,
18lo que los sabios enseñan
sin ocultar nada,
— (como lo recibieron) de sus padres—
19pues a ellos solos fue dado el país,
y no pasó extraño alguno entre ellos.
20Todos sus días el impío es atormentado;
y el tirano ignora el número de sus años.
217Voz de angustia suena en sus oídos;
en plena paz le asalta el devastador.
22Él mismo pierde la esperanza
de escapar a las tinieblas;
se siente amenazado de la espada;
238vaga buscando alimento,
(diciendo): ¿En dónde está?
sabe que es inminente
el día de las tinieblas;
24le aterran angustia y tribulación,
le acometen como un rey
listo para la guerra.
25Pues extendió su mano contra Dios,
se exaltó contra el Todopoderoso.
26Corre contra Él, erguido el cuello,
ocultándose detrás de sus escudos,
27cubierto el rostro con su gordura,
con capas de grosura sus lomos.
28Vive en ciudades asoladas,
en casas inhabitadas,
destinadas a convertirse en ruinas.
299Por eso no será rico,
sus bienes no durarán, y su hacienda
no se extenderá sobre la tierra.
30Nunca escapará a las tinieblas;
la llama abrasará sus renuevos,
y él será llevado
por el soplo de la boca de (Dios).
31No confíe en una engañosa vanidad;
la misma vanidad será su recompensa.
32Ella le llegará
antes que se acaben sus días,
y sus ramas no reverdecerán ya más.
3310Sacudirá como la vid sus uvas,
aun estando en cierne,
y como el olivo dejará caer su flor.
3411La casa del impío es estéril,
y el fuego consume la morada
del que se deja sobornar.
3512Concibe penas y engendra maldades,
nutriendo en su seno el engaño.”