La gloria de Dios en la Creación
11Al maestro de coro. Sobre el ghittit (los lagares). Salmo de David.
22¡Oh Yahvé, Señor nuestro,
cuán admirable es tu Nombre
en toda la tierra!
Tú, cuya gloria cantan los cielos,
33te has preparado la alabanza
de la boca de los pequeños
y de los lactantes,
para confundir a tus enemigos
y hacer callar
al adversario y al perseguidor.
4Cuando contemplo tus cielos,
hechura de tus dedos,
la luna y las estrellas
que Tú pusiste en su lugar...
5¿Qué es el hombre para que Tú lo recuerdes,
o el hijo del hombre
para que te ocupes de él?
64Tú lo creaste poco inferior a Dios,
le ornaste de gloria y de honor.
7Le diste poder sobre las obras de tus manos,
y todo lo pusiste bajo sus pies:
85las ovejas y los bueyes todos,
y aun las bestias salvajes,
9las aves del cielo y los peces del mar,
y cuanto surca las sendas del agua.
10Oh Yahvé, Señor nuestro,
¡cuán admirable es tu Nombre en toda la tierra!
Comentario
1 1. El título de “los lagares” podría indicar que este Salmo había de cantarse en la fiesta de la vendimia o Tabernáculos. Según otros: para el instrumento ghittit (cf. Salmo 80, 1 y nota) o según la melodía de los geteos, habitantes de Get, ciudad de Filistea. Para otros, los lagares tiene el sentido de vendimia y pertenece al Salmo anterior que anuncia el juicio de las naciones. Cf. Salmo 7, 7 ss. y nota. El tema del Salmo es la grandeza de Dios y la nada del hombre, no obstante lo cual, al crearlo, le dio la realeza sobre todas las cosas. En sentido más alto lo acomoda San Pablo a Cristo, Rey y cabeza de la humanidad redimida.
2 2. ¡Cuán admirable! ¡Y cuán poco lo admiramos no obstante que Él ha derrochado magnificencia en la naturaleza! (cf. Salmo 103 y notas). ¿Cuántos se detienen a admirar los crepúsculos o las estrellas, más sublimes que las montañas o el mar? Jesús fue profetizado con el nombre de “Admirable” (Isaías 9, 6). Y así se presentará, según San Pablo, cuando aparezca en gloria y majestad (II Tesalonicenses 1, 10) como en la Transfiguración (Marcos 9, 1). Cantan los cielos, etc.: Texto corrupto, diversamente entendido. Algunos vierten como la Vulgata: Rebasa los cielos; y así es como San Agustín lo aplica alegóricamente a la Ascensión del Señor.
3 3. De la boca, etc.: Véase Mateo 21, 16. “Como si dijese: la gloria y majestad del Creador ha sido estampada en el sol y en todos los seres creados, con letras tan claras y patentes, que hasta los niños y lactantes saben leerlas” (Ubach). Y esto “confunde a los enemigos de Dios”, mostrando que están cegados por la soberbia. Cf. Romanos 1, 18-20. En efecto solo aquellos que conservan el espíritu de niño, la infancia espiritual, comprenden la sabiduría de la Creación: “Te glorifico, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has tenido encubiertas estas cosas a los sabios y prudentes y las has revelado a los pequeñuelos.” (Mateo 11, 25).
4 6 s. Alude, claro está, al hombre antes de la caída (cf. Sabiduría 2, 24 y nota). A Dios: Los LXX dicen: a los ángeles, y San Pablo, en Hebreos 2, 6 ss., refiere estas palabras a Jesucristo, tomando un poco en sentido temporal, para indicar la humillación del Verbo encarnado (Filipenses 2, 7), y mostrar luego que Dios ha coronado al Hijo de gloria y honor, constituyéndole Rey de todas las cosas (Salmo 9A, 8 ss.; I Corintios 15, 25; Hebreos 2, 8).
5 8. Compárese Génesis 1, 28 (sobre Adán) con Job 39, 9; y véase Génesis 3, 18; Sabiduría 10, 2 y nota. Grande fue, pues, la decadencia del hombre en el orden natural, y mayor aún en el sobrenatural, de modo que el II Concilio Arausicano (Denz. 174-200) declaró que el hombre “de suyo solo tiene pecado y mentira”. Con todo, gracias a los méritos de Cristo nuestro Salvador, los que creen en Él con fe viva nacen de nuevo en el Bautismo (cf. Juan 1, 13; 3, 3; I Pedro 1, 23; Romanos 6, 4) y en sentido sobrenatural llegan a ser, mucho más que Adán, verdaderos hijos de Dios (I Juan 3, 1), partícipes de la naturaleza divina (II Pedro 1, 4) como el Nuevo Adán (I Corintios 15, 45) y llamados a su mismo amor (Juan 17, 23 y 26) y a su misma gloria (II Pedro 1, 2).