La noticia de la muerte de Saúl
11Después de la muerte de Saúl, estando David de vuelta de la derrota de los amalecitas, y hallándose ya dos días en Siceleg, 2sucedió que al tercer día llegó un hombre del campamento de Saúl, rasgados sus vestidos y cubierta su cabeza de polvo; el cual llegado a David se postró en tierra e hizo reverencia. 3David le preguntó: “¿De dónde vienes?” “He podido escapar del campamento de Israel”, contestó él. 4David le dijo: “¿Qué ha sucedido? Cuéntamelo.” A lo que respondió: “Huyó el pueblo de la batalla, y muchos del pueblo han caído y perecieron; también Saúl y su hijo Jonatán han sido muertos.” 5Preguntó entonces David al mozo que le daba la noticia: “¿Cómo sabes que han muerto Saúl y su hijo Jonatán?” 62Respondió el mozo que le traía la noticia: “Yo me hallaba por casualidad en el monte Gelboé, y vi a Saúl arrojado sobre su lanza, cuando los carros y la gente de a caballo le daban ya alcance. 7Volviéndose él entonces hacia atrás, me vio y me llamó. Yo respondí: “Heme aquí.” 8Y me preguntó: “¿Quién eres tú?” Le dije: “Soy un amalecita.” 9Tras lo cual él me dijo: “Ponte sobre mí y mátame; porque se ha apoderado de mí angustia mortal, y mi vida está aún toda en mí.” 10Me puse entonces sobre él y lo maté; porque sabía que no podía vivir después de su caída. Y tomé la diadema que había sobre su cabeza, y el brazalete que tenía en su brazo, y los he traído aquí a mi señor.”
11Entonces asió David sus vestidos y los rasgó, haciendo lo mismo todos cuantos estaban con él. 12E hicieron duelo y lloraron, ayunando hasta la tarde, por Saúl y por Jonatán, su hijo, y por el pueblo de Yahvé y por la casa de Israel; pues habían caído al filo de la espada.
Castigo del amalecita
13Después dijo David al mozo que le había traído la noticia: “¿De dónde eres?” Respondió: “Soy hijo de un extranjero, amalecita.” 14“David le dijo: “¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para dar muerte al ungido de Yahvé?”
153Y llamó David a uno de los jóvenes, al cual dijo: “¡Acércate y mátalo!” Y él lo hirió, y murió (el amalecita), 16mientras David le decía: “Tu sangre caiga sobre tu cabeza; pues tu misma boca ha dado testimonio contra ti, al decir: Yo he dado muerte al ungido de Yahvé.”
Elegía sobre Saúl y Jonatán
17David entonó la siguiente elegía por Saúl y Jonatán, su hijo; 184y mandó enseñarla a los hijos de Judá. Es el (canto del) arco, que está escrito en el Libro del Justo:
195¡La flor de Israel, traspasada,
yace sobre tus alturas!
¡Cómo cayeron los héroes!
20No lo digáis en Gat;
no publiquéis la nueva en las calles de Ascalón,
que no se alegren
las hijas de los filisteos
ni salten de gozo
las hijas de los incircuncisos.
216¡Montes de Gelboé, ni rocío ni lluvia
vuelvan a caer sobre vosotros!
ni seáis campos de primicias.
Pues allí fue arrojado
el escudo de los héroes,
el escudo de Saúl,
cual si no fuera ungido con óleo.
227El arco de Jonatán no disparó flecha
sin sangre de traspasados,
sin grasa de valientes;
ni tornó vacía la espada de Saúl.
23¡Saúl y Jonatán, amables y hermosos,
inseparables en la vida y en la muerte!
¡Más ligeros que las águilas,
más fuertes que los leones!
24Hijas de Israel, llorad a Saúl,
quien os vestía de rica escarlata,
y colocaba adornos de oro
sobre vuestro ropaje.
25¡Cómo cayeron los héroes
en el campo de batalla!
¡Cómo fue traspasado Jonatán
sobre tus alturas!
26La angustia me oprime
por ti, oh hermano mío, Jonatán!
Tú eras toda mi delicia;
tu amor era para mí más precioso
que el amor de las mujeres.
278¡Cómo han caído los héroes!
¡Cómo han perecido las armas del combate!